lunes, 23 de febrero de 2015

el ser humano ¿es un animal?, por gastón monart

El ser humano ¿es un animal?

Pocos días después de comenzadas las clases, yo cursaba entonces el 2° grado primario, la señorita abordó el tema:
¿Qué eran los animales?.  Desde mi nacimiento estaba acostumbrado a ver y hasta llegué a pintar y dibujar animales, que hoy ilustran varios libros de mi producción. Nos dijo haber visto a alumnos, armados con gomeras -ondas- arrojando piedras a los pájaros que abundaban en la plaza, frente al colegio, y nos aplicó a todos en general una filípica contra esa mala acción.

Hoy lo recuerdo con cariño y pienso: Eso era lo cierto, pero los niños no estábamos aleccionados por mayores, a quienes en general, no les interesaba lo que los chicos hacíamos y puede ser que ello sea el inicio de lo que he tratado de no hacer.

Los animales que aún pueblan la tierra están en grave peligro de extinción, sufriendo en todo el mundo el maltrato y hasta la muerte por la mano humana. Ya se han extinguido especies enteras, otras están por desaparecer. 

Muchos seres inocentes, que nacieron gozando de plena libertad, son apresados en su hábitat para morir de tristeza, siendo parte de la decoración de una casa. Y eso es tener suerte para ellos, ya que otros mueren apretados en trampas, sin ayuda, abandonados a su suerte y hasta olvidados en esa situación. 

Algunos más cautos, inteligentes e indefensos, son víctimas de laboratorios, donde los enferman para ser tratados sin anestesia, sufriendo dolores de males humanos e inhumanos, para ver el funcionamiento orgánico. ¿Se imagina lector el dolor que usted sufriría al ser operado sin anestesia de los intestinos? Pruebe en carne propia y luego me cuenta cómo sobrevivió a tal circunstancia. 
En estos segundos en todo el globo, miles de seres vivos inocentes son víctimas de la ciencia, se dice que para salvaguardar en el futuro la vida humana. 

Nos preocupamos actualmente por el aumento de la violencia en todo el mundo. ¿Será necesario, no reparar en el sufrimiento de seres inocentes, tomados por parte de personas que desde niños son adiestrados por mayores a cazar y lesionar a seres vivos injustamente? No puedo creerlo.

Cuando vivía en mi natal llanura pampeana, atravesé una experiencia dolorosa para mí, niño sensible y con amor por los animalitos. Fue la aparición de un señor que me dio un mal ejemplo y al que aborrecí contando sólo 8 años. Erase un señor belga armado de dos o tres wayky thalkú -palos de fuego- como le llamaban mis amigos mapuches, de dos cañones, que se regodeaba después de una excursión de caza en la que decía haber matado a 3 liebres -maras-, un cervatillo -pudu-, diez perdices -vüdü-, además de varias martinetas y patos, durante todo un día de cacería por la llanura. Al ser interrogado por mi madre, en presencia de varios mapuches que vivían en la zona sobre si tenía a los cadáveres de tal masacre, dijo sin empacho: todos los domingos, me doy el gusto de salir de caza, tengo buena puntería y lo hago como hobby, no los recojo, pues no los necesito, en mi país no hay tanta cacería como aquí en las pampas y es un placer poder ejercitar puntería sobre algo que se mueve, que huye o vuela. Adquirí la habilidad durante la 1ª Guerra Mundial, donde tirábamos a semejantes y no los recogíamos del suelo, recalcó, soy solo, no tengo familia en Argentina y aquí no está prohibido.

La exportación de animales silvestres a lugares que no son su hábitat natal, es otra crueldad practicada hasta con complacencia de gobiernos que autorizan su venta y la practican, por ejemplo de un jaguar, -reighe en mapuche-, nacido y criado en selvas o llanuras sudamericanas, exhibido a los niños de otros lugares que toman conocimiento de la aún existencia de la especie en extinción. En otra época, los naturales de los territorios habitados por los jaguares, lo consideraban como un semidiós –costumbre cananeo-fenicia-. Todavía existen contados ejemplares , la mayoría mostrados en jaulas, solitarios, para solaz de algunos seres humanos, sin reparar que el desdichado animal sufre la ausencia y compañía de seres de su raza, siente necesidad de reproducirse, su friendo a la vez sed, hambre, frío, soledad, angustia.
¿Nos llamamos humanos, condenando a un inocente a terminar su vida en esa cárcel? ¿De qué culpa lo acusamos? 

Otros más desdichados nacieron en campos alambrados y algunos se mataron tratando de huir de los alambres con púas. ¿Para qué? Pues para que otros seres carnívoros, llamados humanos se hagan mala sangre porque aumentó el precio de la carne, y disfruten de sus padecimientos luego de ser sacrificados en horrible muerte, sin anestesia, sin imaginar el dolor inmenso que sufren antes de morir asesinados por hombres.

Actualmente en algunas provincias, para agregar ganancias a las arcas estatales, las autoridades abren temporadas libres de caza, para placer de algunos aficionados al deporte de ser criminales.

Mi papá dijo sobre aquel belga: Pasa que en este país no tenemos policía para detener a estos criminales.
Un día trajo a una mara -liebre pampa- muy herida, hallada en un campo, la operó y quitó perdigones, ya que él era médico cirujano, suerte para ella que se salvó y vivió en el terreno que rodeaba nuestra casa, protegida por un alambrado. Jugó con migo como un perrito cariñoso. Pero creo que tal vez ese encierro fue una injusticia, al cercenar su libertad anterior, pero ¿contribuiría esa esclavitud o discriminación sobre su seguridad y felicidad? Muchas veces la veíamos buscando junto al cerco un lugar para fugarse, pese a poseer mucho terreno donde podía vivir sin riesgo. Eso me hizo pensar en el sufrimiento que deben vivir los leones, elefantes, jirafas, osos, encerrados tras las rejas o dentro de espacios reducidos del zoológico.
Exhibidos para curiosidad de niños y mayores. Como decían mis amigos y vecinos mapuches, Nwenechen -Dios creador de vida-, nos dio licencia, que si bien ellos cazaban con fines de manutención, jamás atentaron con la extinción, respetaban la maternidad de una liebre, para evitar su desaparición.

El hombre moderno hace caso omiso a esta situación, pues al arar un campo para sembrar soja, no repara en destruir nidos con pichones -por ejemplo- ni respeta tortugas terrestres que viven en esos campos, destruye los nidos subterráneos, de serpientes y otros seres que tienen derecho a la vida.

Agreguemos a estos vaticinios el último en aparecer, se trata de los productos químicos que destruyen toda muestra de vida, sea vegetal o animal. Nada puede seguir viviendo cuando se aplican dichas sustancias en un campo, a tal punto que sólo pueden ser usados en espacios cuyos linderos no son habitables por animales y los vegetales mueren como aquellos.

De acuerdo a otro tema escrito por este autor titulado La tierra se está secando, los mares cada vez se están volviendo más salados y contaminados por acción de la civilización, morirá su fauna y ya no habrá allí vida o salvación, ¿Ese será el triste fin del hombre como lo tuvieron los dinosaurios?


Gastón Monart
(93 años)

Publicado en  Diario del Viajero - Buenos Aires, República Argentina - Miércoles 11 de febrero de 2015 - Nº 1450 - Año XXIX

Enviado por mail por 
prof. Norberto Ovando, de Asoc. Parques Nacionales - parquesnacionalesorg@yahoo.com.ar


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